LA KOMBUCHA DE LOS EXPERTOS

¿Sabías que el 60% de nuestros clientes han mejorado sus digestiones tomando Mūn Kombucha?

Jordi Dalmau también mejoró su salud tomando kombucha y este descubrimiento, aparte de fascinarlo, le llevó a crear MUN KOMBUCHA en 2015 con el objetivo de contribuir al bienestar de todos los que la tomaran.
Jordi fue diagnosticado de Síndrome de Gilbert cuando tenía 13 años. Esta dolencia, que no supone problemas graves para la salud, produce molestias como cansancio, cefaleas o contracturas. El origen de estas, está en la dificultad de desintoxicación hepática que provoca el síndrome. Con el descubrimiento de la kombucha, Jordi encontró solución a una sintomatología que había arrastrado durante años y que había intentado resolver sin éxito. «Fue como liberarme de un día para otro de una enorme y pesada mochila.»
Ingeniero de profesión, decidió aparcar cálculos y planos para dedicarse al mundo de las bacterias y las levaduras. Con su mujer Mercè Pérez, periodista, apostó por crear el primer obrador de kombucha que elaboraría este té fermentado de orígenes ancestrales, utilizando únicamente ingredientes de primera calidad, absolutamente naturales y certificados ecológicos. Su prioridad: ofrecer la kombucha más deliciosa pero también la más saludable. ¡Todos tenían que experimentar los beneficios de su consumo!
En 2015 salía al mercado la primera kombucha ecológica, envasada en vidrio que, a pesar de no estar pasteurizada, no necesita frío para su conservación. ¿La razón? El mínimo azúcar residual que Mūn consigue con una fermentación absolutamente fiel a la receta tradicional creada en la antigua China hace 2.000 años.

Fermentando sin prisas, máxima calidad

Como en muchísimas cosas en la vida, el truco está en no tener prisa en conseguir un objetivo. Los primeros que elaboraron kombucha tenían algo que ahora mismo escasea bastante: tiempo y paciencia. No tenían ni electricidad ni neveras. Y nosotros nos hemos tomado al pie de la letra sus indicaciones. Es por eso que respetamos y cuidamos al máximo nuestros SCOBY a los que dejamos el tiempo y la calma suficiente para que puedan hacer su trabajo. Cuanto más días invierten las levaduras y las bacterias en fermentar la mezcla inicial, menos azúcar acaba quedando en el producto final y más diversidad microbiana y más ácidos orgánicos surgen. ¿Qué te parecería si te dijésemos que nosotros esperamos hasta 30 días? Lo más importante es que, dándole suficiente tiempo a la fermentación, conseguimos que nuestra kombucha apenas tenga azúcar y que sea totalmente estable a temperatura ambiente, sin necesidad de frío para parar una posible refermentación y, por supuesto, ahorrando calorías vacías en formato azúcar al consumidor.

Una bebida viva

La kombucha elaborada por Mūn sigue a pies juntillas la receta tradicional que nació en China hace unos 2.000 años. Eso es: llevamos a cabo una fermentación larga y no pasteurizamos ni filtramos la bebida. Únicamente elaboramos con ingredientes naturales y sin añadidos artificiales. Si este té fermentado ha pervivido tanto tiempo, será porque su elaboración inicial era perfecta, ¿no crees? Entonces, ¿por qué cambiarla?

En aquel entonces, no existía el proceso de pasteurización. Y, por supuesto, tampoco existían la corriente eléctrica o las neveras. Había un ingrediente que sí que existía y del que ahora vamos un poco justos: el tiempo, la paciencia. Era con este que se conseguía que la bebida resultante contuviera el mínimo azúcar residual. ¿Te suena? Sin apenas azúcar, a pesar de no estar pasteurizada, la bebida no puede evolucionar.

Nuestro largo proceso de conservación facilita que todo el azúcar se transforme en ácidos orgánicos y además ¡no necesita frío para su conservación! porqué ya no queda azúcar para seguir fermentando
No necesitarás frío para conservar Mūn

Si hace 2.000 años, la gente en Asia ya bebía kombucha y, por aquel entonces, ni la electricidad estaba inventada ni se conocía que lo que era una nevera, ¿por qué cambiar las cosas? En Mūn apostamos por ser fieles a esta manera de hacer ancestral donde el tiempo es absolutamente crucial y necesario.Tiempo para una elaboración tranquila, tiempo para una fermentación sin prisas. De este modo, el azúcar que añadimos inicialmente a la infusión de té es consumido en su práctica totalidad por las bacterias y levaduras que lo utilizan de combustible para conseguir fermentar la infusión inicial y convertirla en nuestra estupenda kombucha.

Ya en botella, sin azúcar para continuar el proceso de fermentación, Mūn Kombucha es perfectamente estable sin necesidad de estabilizarse en frío. Buenas noticias, pues. Nuestra kombucha no solo no ocupará espacio en tu nevera -que podrás llenar de alimentos reales y frescos-, sino que también cuida del medioambiente, dejando de emitir CO₂ a la atmosfera. Toma nota porqué el dato es impresionante: ¡hasta 180 veces menos que si hubieras comprado una kombucha refrigerada!

¿Sabías que el 60% de nuestros clientes han mejorado sus digestiones
tomando Mūn Kombucha?

Casi casi sin azúcar

Mūn Kombucha es el té fermentado con menos azúcar residual de todos los que se comercializan. Nuestras variedades oscilan entre los 0,1 y 1,8 gramos de azúcar por cada 100 mililitros. Esto es hasta 18 veces menos que otras kombuchas. Estos valores de récord, que suponen un contenido en calorías ínfimo en todos nuestros sabores, los conseguimos a través de nuestro exclusivo proceso de elaboración. Somos absolutamente fieles a la receta original que data de hace más de 2.000 años. Con este mínimo azúcar, nuestras kombuchas no necesitan conservarse en la nevera ni tampoco tranportarse en frío.

¿Una kombucha sin pasteurizar que no precisa frío para su conservación ni transporte? Sí, existe y se llama Mūn. Lo hemos conseguido gracias nuestro exclusivo sistema de fermentación, basado en el método ancestral que surgió en Asia hace dos milenios. Tenemos claro que por aquel entonces la kombucha se elaboraba y conservaba a temperatura ambiente. No se habían inventado la corriente eléctrica ni, por supuesto, las neveras. Replicamos, pues, esos parámetros que tienen como base el tiempo de fermentación, que en nuestro caso alargamos hasta 30 días, y hemos conseguido una kombucha increíblemente deliciosa que, además, ostenta el récord de tener el mínimo azúcar residual del mercado.





La bebida que ahora conocemos como kombucha enamoró a la alta burguesía de hace dos milenios. Descubrieron que, con su consumo, su vida se optimizaba : no solo mejoraban sus digestiones, sino que también tenían más energía. Fue entonces cuando inició su imparable fama y también entonces cuando, por sus propiedades, recibió el sobrenombre de elixir de la vida y la eterna juventud.