HISTORIA DE LA KOMBUCHA

Todo el mundo habla de ella. Es la bebida de moda. Pero la historia de la kombucha se remonta a hace más de 2.000 años en Asia. Aunque la fecha es incierta porque no se conserva ningún documento con el día K, el día que surgió la bebida oficialmente, la primera vez que se dio a conocer esta bebida fue en China de hace dos milenios, durante la dinastía Qin (221 a.C.). Se cuenta que el emperador Qin Shi Huangdi fue el primero en hacer y beber kombucha. Unos 200 años después, la bebida ganaría fama mundial después de que un monje tibetano llamado Kombu -que acabe dando nombre a la bebida- le regalara al emperador japonés Inkyo que, a raíz de tomarla, cura las molestias digestivas. Gracias a la fama otorgada por este hecho, la bebida se expandió por todo el continente asiático. De hecho, se dice que incluso los guerreros japoneses, los famosos samuráis, llevaban kombucha a sus batallas para tener más energía.

Desde Asia, la bebida viajó a través de la Ruta de la Seda en Rusia y, posteriormente, en toda Europa. Fue una bebida muy popular que se elaboraba y consumía en el ámbito casero hasta que, durante la Segunda Guerra Mundial, llegó la escasez de azúcar y té, que fueron racionados, y su consumo se redujo considerablemente. En la década de 1960, unos científicos suizos analizaron la bebida y confirmaron los beneficios de su consumo, dándole un nuevo impulso entre los consumidores.

La kombucha ha pervivido en el tiempo gracias a que sus defensores han podido comprobar, en propia piel, todos los beneficios que ésta les reporta como la aportación de probióticos que mejoren las digestiones o los efectos desintoxicantes que experimenten después de beberla.

En Estados Unidos, lleva prácticamente dos décadas comercializándose y España ha experimentado un auge importante desde que Mūn Ferments empezó a elaborarla y comercializarla en el 2015. La fijación para solucionar los problemas de salud del fundador de la compañía, diagnosticado con Síndrome de Gilbert durante su infancia, le llevaron a investigar ya encontrar la kombucha como solución a las molestias que le ocasionaba esta dolencia. Jordi Dalmau optó por aparcar su profesión de ingeniero para poner en marcha la elaboración y comercialización de la primera kombucha sin pasteurizar que es totalmente estable a temperatura ambiente. El proceso de elaboración que realiza Mūn Ferments consigue una bebida prácticamente sin azúcar residual, lo que hace que no necesite refrigeración para controlar una posible refermentación.

Los kombuchas de Mūn Ferments, además, sólo contienen ingredientes de primera calidad, absolutamente naturales y con certificado ecológico. De esta forma, la compañía consigue poner a disposición de los consumidores el mejor kombutxa del mercado: deliciosa y saludable.

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