Jordi Dalmau mejoró su salud tomando kombucha y creó MUN KOMBUCHA en 2015 para contribuir a tu bienestar.

Jordi fue diagnosticado de Síndrome de Gilbert cuando tenía 13 años. Esta dolencia, que no comporta problemas graves para la salud, sí que produce molestias como cansancio, cefaleas o contracturas. El origen de éstas, está en la dificultad de desintoxicación hepática que provoca el síndrome. Con el descubrimiento de la kombucha, Jordi encontró solución a una sintomatología que había arrastrado durante años. "Fue como liberarme de un día para otro de una enorme y pesada mochila."

De esta manera, ingeniero de profesión, decidió aparcar cálculos y planos para dedicarse al mundo de las bacterias y las levaduras. Con su mujer Mercè Pérez, periodista, apostó por crear el primer obrador de kombucha que elaboraría este té fermentado de orígenes ancestrales utilizando únicamente ingredientes de primera calidad, absolutamente naturales y certificados ecológicos. Su prioridad: elaborar la kombucha más deliciosa pero también la más saludable. ¡Todos tenían que experimentar los beneficios de su consumo!

En 2015 salió al mercado la primera kombucha envasada en vidrio que, a pesar de no estar pasteurizada, no necesitaba frío para su conservación. ¿La razón? El mínimo azúcar residual que se lleva a cabo, con un proceso fiel a la receta tradicional creada en la antigua China hace 2.000 años.

Sin pasteurizar

La kombucha elaborada por Mūn sigue a pies juntillas la receta tradicional que se originó en China hace unos 2.000 años. Si este té fermentado ha pervivido tanto tiempo, será porque su elaboración inicial era perfecta. Entonces, ¿por qué cambiarla?

En aquel entonces, no existía el proceso de pasteurización. Y, por supuesto, tampoco existía la corriente eléctrica o las neveras. Había un ingrediente que sí que existía y del que ahora andamos un poco justos: el tiempo, la paciencia. Con este, se conseguía que la bebida contuviera el mínimo azúcar residual. ¿Te suena? Sin apenas azúcar, a pesar de no estar pasteurizada, la bebida no puede evolucionar. 

Laaaaaaaarga fermentación

Como todo en la vida, el truco está en no tener prisa. Sin electricidad ni neveras, lo que sí tenían los primeros que elaboraban kombucha era tiempo. Y nosotros nos hemos tomado al pie de la letra sus indicaciones. Dejamos a nuestros SCOBY el tiempo suficiente, con la calma necesaria, para que hagan su trabajo. Cuanto más tiempo invierten las levaduras y las bacterias, menos azúcar acaba quedando de la receta inicial y más diversidad microbiana y más ácidos orgánicos surgen.

Lo más importante es que dándole suficiente tiempo a la fermentación, conseguimos que nuestra kombucha apenas contenga azúcar y que sea totalmente estable a temperatura ambiente, sin necesidad de frío para parar una posible refermentación.

Mun Kombucha no necesita nevera

Si hace 2.000 años, la gente en Asia ya bebía kombucha y, por aquel entonces, ni la electricidad estaba inventada ni se conocía que era una nevera, ¿por qué cambiar las cosas? En Mūn apostamos por ser fieles a esta manera de hacer ancestral donde el tiempo es crucial: tiempo para una elaboración tranquila, tiempo para una fermentación sin prisas. De este modo, el azúcar que añadimos inicialmente a la infusión de té es consumido en su práctica totalidad por las bacterias y levaduras que trabajan a la vez para conseguir fermentar la bebida y convertirla en kombucha.

Ya en botella, sin azúcar para continuar el proceso, Mūn Kombucha no necesita estabilizarse con frío. De este modo, nuestra kombucha no solo no ocupará tu nevera -que podrás llenar de alimentos reales y frescos-, sinó que también contribuirás a no emitir CO₂ a la atmosfera: 180 veces menos que si hubieras comprado una kombucha refrigerada.

Bajo contenido en azúcar

Mūn Kombucha es el té fermentado con menos azúcar residual del mercado. Nuestras variedades oscilan entre los 0,1 y 1,8 gramos de azúcar por cada 100 mililitros, hasta 18 veces menos que otras kombuchas. Estos estupendos valores, que suponen un contenido en calorías ínfimo en todos nuestros sabores, los conseguimos a través de nuestro exclusivo proceso de elaboración, fiel a la receta original de hace más de 2.000 años. Con este mínimo azúcar, nuestras kombuchas no necesitan conservarse en la nevera ni tranportarse en frío. 

¿Una kombucha sin pasteurizar que no precisa frío para su conservación ni transporte? Sí, exite y se llama Mūn. Lo hemos conseguido gracias nuestro exclusivo sistema de elaboración, basado en el método ancestral que surgió en Asia hace 2.000 años. En ese momento, como puedes imaginar, no había ni electricidad ni neveras por lo que la bebida se elaboraba y conservaba a temperatura ambiente. Replicamos, pues, esos parámetros que tienen como base el tiempo de fermentación y hemos conseguido una kombucha con el mínimo azúcar residual del mercado.

La bebida que ahora conocemos como kombucha enamoró a la alta burguesía de aquel entonces, que vio que con su consumo optimizaba su vida: no solo mejoraban sus digestiones sino que también tenían más energía. Fue entonces cuando empezó su fama y también entonces cuando, por sus propiedades, recibió el sobrenombre de elixir de la vida y la eterna juventud.